Política

Una visión madura de los mexicanos hacia la historia sería asimilar nuestra parte indígena e hispánica: Javier Garciadiego

“Mi lugar favorito”.

El lugar favorito de Garciadiego Dantán es su biblioteca. “Ahí es donde más a gusto estoy con o sin pandemia”, acepta

Javier Garciadiego Dantán (Ciudad de México, 1951) es uno de los historiadores más importantes del país y a quien le debemos el estudio político y cultural de la Revolución Mexicana, así como la formación de cientos de investigadores gracias a las clases que imparte en El Colegio de México y a las diversas cátedras impartidas tanto en el país como en Europa y América Latina.

 En entrevista, el Honoris causa por la Universidad de Atenas, Grecia y Premio Premio Salvador Azuela 1994 y 2010 habla sobre el quehacer del historiador y su sentir al recibir el Premio Crónica 2020, en Academia.

“Este premio tiene tres significados. Uno, el reconocimiento en sí; dos, las personas que han sido distinguidas son motivo de enorme orgullo; y tercero, el nombre de crónica para un historiador es una palabra entrañable porque es el origen de mi disciplina, historia quiere decir investigación y crónica tiene que ver con escritura en relación con los tiempos”, expresa.

-¿Qué opinión le merece que un medio de comunicación distinga a investigadores?

-Los medios de comunicación siempre han dado diversos tipos de premios, lo que no es común es que se den premios a académicos tanto a nivel personal como a nivel institucional y en términos de academia. Todo esto hace que el Premio Crónica sea un premio, sin lugar a dudas, especial.

-¿Considera que la historia tiene amplia difusión en los medios?

-Vayamos a la historia como interpretación. Para la política y los políticos la historia es la experiencia, es una posibilidad para legitimación, es una forma también de identidad con políticos del mismo grupo o del mismo partido de generaciones anteriores. No solamente para los políticos que detentan el poder, también para los políticos opositores, la historia puede ser un elemento de identidad cuando dicen: yo me identifico con las luchas populares, con la lucha de izquierda, con los campesinos, etcétera.

“Entonces hay historia para legitimar el poder, historia para identidad política, pero  también hay historia para identidad religiosa porque la historia sirve para la identidad racial, la identidad nacional. Hay otra historia que es la académica: generar conocimientos, y está la historia de la difusión que puede ser desde una crónica apegada a los hechos históricos, apegada a ciertas aportaciones de la investigación reciente o puede ser abiertamente una novela histórica donde el apego a la realidad es menos obligado o comprometido.

“En síntesis, la historia tiene muchas formas de expresión. En mi caso, me dedico a la historia como investigación, a la historia como docencia universitaria y a la historia como divulgación, pero también reconozco la necesidad de que la historia sea usada por el sector político, el poder, y también entiendo que la historia sea utilizada por razones raciales, religiosas, nacionales como elemento de cohesión e identidad. La historia tiene muchas posibilidades y aplicaciones”.

-¿Cómo sobrellevar las emociones ante hechos históricos polémicos?

-Los historiadores son seres humanos como cualquiera y son víctimas de sus pasiones. Sin embargo, hay diferentes tipos de historiadores y yo diría que los más sabios y los que mejor entienden el oficio son los que buscan comprender el pasado en el sentido de ni de apasionarse, ni llorar, ni regañar, ni condenar, simplemente comprender.

 “Un caso ahora muy famoso es la conquista de Tenochtitlán. Algunos historiadores se rasgan las vestiduras y exigen venganzas, ajustes de cuentas y habemos otros que queremos comprender no solamente el hecho mismo –esto quiere decir que la conquista de Tenochtitlan no se hizo nada más por españoles, se hizo con el apoyo de otras etnias originarias que estaban insatisfechas con el dominio azteca–, es tratar de comprender qué produjo ese hecho.

“Nadie está negando que hubo sangre, violencia y muertes, pero la pregunta es ¿qué lo produjo? por doloroso que haya sido para algunos y por venturoso que haya sido para otros, lo que produjo esa conquista es mucho más históricamente que simplemente una batalla, que simplemente una conquista militar, es la construcción de una nueva civilización, una nueva cultura y que no somos españoles ni la restitución de los aztecas vencidos en aquellas campañas bélicas”.

 Garciadiego Dantán señala que una visión madura de los mexicanos hacia la historia es asimilar nuestra parte indígena e hispánica.

“Somos producto de ambas partes y quien no lo vea así no está llegando a reconciliarse con su historia, es como si quisieras negar a un abuelo o abuela por algunas conductas, es absurdo, tus antecedentes son irrenunciables.  Por eso puede estar el Templo Mayor y a cien metros la Catedral y a cincuenta metros el Palacio Nacional, nosotros debemos de convivir con ello”, indica.

El autor de Así fue la Revolución mexicana y Alfonso Reyes. “un hijo menor de la palabra” Antología ha celebrado en varias ocasiones que el actual gobierno de Andrés Manuel López Obrador tenga un interés por la historia de México.

“Celebro que al gobierno le interese la historia, lo aplaudo, definitivamente no lo habíamos visto en muchos años. Aunque no es lo mismo que un gobierno promueva la historia a que un gobierno defina los contenidos históricos, en eso ya no estoy tan de acuerdo. Lo más importante sería una promoción para que se generen discusiones, se generen debates”, precisa.

Tampoco me gusta una visión de la historia excluyente, que se le dé preferencia a ciertos acontecimientos, añade el miembro de El Colegio Nacional, la Academia Mexicana de la Lengua y Academia Mexicana de la Historia.

Sin ser partidista, el ejemplo que menciona Garciadiego Dantán es el centenario de Jesús Reyes Heroles (1921-1985), a quien este año se debería de recordar como un personaje clave de la democracia más que como dirigente partidista.

“Creo que México está en deuda con Reyes Heroles porque el inicio de la transición a la democracia, con todas sus limitaciones, desviaciones, insuficiencias, es un proceso apreciable y es un proceso que él comenzó. Si vamos atender la historia, atendámosla en toda su riqueza y en su complejidad, no nada más en las efemérides que nos simpatizan”, indica.

En el caso de la Consumación de la Independencia expresa que se debería de conmemorar a los protagonistas de ese momento sucedido en 1821. “Lo cual no es lo mismo a recordar a quiénes fueron los iniciadores de la Independencia, también debemos conmemorar el centenario de la creación de la Secretaría de Educación Pública a pesar de que Vasconcelos genere muchas reticencias en algunos ámbitos”.

-¿Los historiadores luchan contra los mitos?

-Ahora en la historia, a últimas fechas, seguimos siendo contrarios a los mitos, seguimos siendo enemigos de ellos, nos dedicamos a investigar para desbrozar, para eliminar mitos. Pero, por otro lado, estamos absolutamente conscientes de que los mitos historiográficos son parte de la historia misma.

“En la biografía de Pancho Villa hay un elemento mítico: que se lanzó a la vida de bandolero en defensa de su hermana, en contra de un hacendado de apellido López Negrete que quería abusar de ella. Hay historiadores que respetan más ese mito que otros, pero sin lugar a dudas el elemento de la hermana es parte ya de su biografía, nosotros tenemos que negociar y dialogar con ese mito.

“La historia es una disciplina tan hermosa, colinda con el mito, con la literatura y las ciencias sociales”.

“Mi lugar favorito”.

El lugar favorito de Garciadiego Dantán es su biblioteca. “Ahí es donde más a gusto estoy con o sin pandemia”, acepta.

Durante el confinamiento lo que el historiador más extrañó fue la vida colegiada y la convivencia con sus alumnos.

“Claro que cumplí y cumplo con mi docencia a nivel virtual, he dado clases a través del Zoom, pero el contacto con los jóvenes es algo que extraño”, señala.

La educación no es simplemente aprender, es experiencia, es sociabilidad, es aprender a convivir con colegas y con jóvenes, agrega. “Y eso es una riqueza inapreciable. También me hace mucha falta mi vida colegiada con mis colegas en las reuniones de la Academia Mexicana de la Historia, Academia Mexicana de la Lengua y El Colegio Nacional”.