Política

Optimismo (leve) en la negociación con el Fondo Monetario: se va Okamoto (un duro)

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El ya casi ex vicedirector ejecutivo del FMI proviene de las líneas duras del trumpismo y ocupaba el cargo estratégico de asistente interino del Tesoro para Finanzas y Desarrollo Internacional, bajo la supervisión de Steven Mnuchin. Desde ese cargo oficiaba de organizador e interventor con línea directa con el expresidente norteamericano, en las reuniones del G7 y el G20 y la participación de los Estados Unidos en los organismos financieros internacionales como el FMI, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Club de París, etc

Será reemplazado por la hasta ahora Consejera Económica de la institución, Gita Gopinath , en lo que se supone será una nueva etapa en el organismo. Termina una era donde primó la política sobre la economía (su antecesor David Lipton también tenía un perfil más vinculado a las relaciones internacionales que a la macro), y comenzaría un período donde las finanzas y las variables serían más importantes.

Informate más Alineado al FMI, el Banco Mundial plantea un estancamiento en la recuperación para Argentina Lo cierto es que un viejo conocido del país ya no intervendrá en el FMI en general, y en la Argentina en particular. Hasta ahora era el subdirector general del FMI, quién discutía en últimas instancias con el ministro de Economía Martín Guzmán y el secretario de Asuntos Estratégicos de la Presidencia Gustavo Béliz, los términos de las metas generales monetarias, fiscales, cambiarias y financieras del Facilidades Extendidas; además de los términos de plazos, formas de pago y condicionalidades que se discuten para avanzar en el acuerdo. Esto es, todo lo referente a la discusión de los términos de la negociación que pueda ser resuelto por el staff del organismo, y no dependa de modificaciones de la Carta Orgánica del FMI.

Su última actuación de este tipo, fue en la cumbre del G-20 de Roma del año pasado, cuando representó al organismo en la cumbre del 3 de noviembre de 2021 sentándose en la mesa de discusiones con la Argentina. Ese día, una jornada después del cierre de la cumbre, Okamoto lideró en nombre del FMI una larga cumbre, donde batalló contra Guzmán y el embajador argentino ante el organismo Sergio Chodos. En ese encuentro quedó en claro que el número dos del Fondo instruyó a la norteamericana Julie Kozac y el venezolano Luis Cubeddu, los dos responsables del caso argentino, a imponer un ejercicio severo de ajustes fiscales y monetarios sobre el país. Y que no habría posibilidades de ninguna ventaja comparativa para un estado que es un incumplidor serial a ojos de un ortodoxo convencido.

Nada que haya sorprendido al ministro de Economía y a su equipo en aquella fría jornada romana. Geoffrey William Seiji Okamoto es un clásico halcón republicano llegado al Fondo por “recomendación” directa de Donald Trump en mayo de 2020 y quién se estabilizó definitivamente como número dos del Fondo. Argentina había tomado nota de la situación durante la última Asamblea Anual del FMI de abril de este año, donde Okamoto fue el maestro de ceremonias. Más acá en el tiempo, en la Asamblea Conjunta entre el Banco Mundial y el FMI, Okamoto fue el principal interlocutor de cuestiones políticas con todos los invitados, entre ellos el propio Guzmán y el titular del Banco Central Miguel Pesce.

Eran días en los que Georgieva definía si continuidad como directora gerenta, pero bajo la mirada permanente de los Estados Unidos. Esto es, Okamoto. Desde octubre quedó definido entonces que la línea ideológica del FMI sería la del republicano, incluso con la venia de la secretaria del tesoro Janet Yellen; obviamente demócrata. Sucede que para estos casos, en EE.UU. no hay grieta. Okamoto contaba con todo el apoyo de Georgieva. Y él no iba a ser nunca una persona que le facilitara las cosas al país, más si el criterio de negociación desde Buenos Aires era criticar abiertamente el stand by vigente acordado entre el gobierno de Mauricio Macri y la conducción del Fondo de Christine Lagarde y la presidencia de Donald Trump. Menos apoyo habría si parte de la discusión incluye potenciales demandas judiciales contra los funcionarios argentinos que negociaron aquel acuerdo en 2018. Okamoto conoce mucho el tema.

El ya casi ex vicedirector ejecutivo del FMI proviene de las líneas duras del trumpismo y ocupaba el cargo estratégico de asistente interino del Tesoro para Finanzas y Desarrollo Internacional, bajo la supervisión de Steven Mnuchin. Desde ese cargo oficiaba de organizador e interventor con línea directa con el expresidente norteamericano, en las reuniones del G7 y el G20 y la participación de los Estados Unidos en los organismos financieros internacionales como el FMI, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Club de París, etc.

Desde ese cargo intervino directamente en las negociaciones entre el Fondo Monetario y Argentina; y, a pedido de Trump y Munchin, fue quién presionó para que se firme el stand by en su segunda versión de agosto-septiembre de 2018. Más tarde, y por mandato de Mnuchin, quién a su vez obedecía a Trump, fue quién presionó directamente a su antecesor en el FMI, David Lipton, para que acceda a la flexibilización del uso de los dineros del préstamo del organismo para ejecutar política cambiaria. Esto sucedió entre mayo y agosto de 2019 y, tal como afirma con razón el Gobierno de Alberto Fernández, se aplicaron entre u$s3.000 y 5.000 millones para contener el precio local del dólar hasta las elecciones PASO de ese año. En consecuencia, era difícil que fuera Okamoto quién avanzara en la investigación interna sobre lo que sucedió en esos años , y que desde el Ejecutivo y el kirchnerismo se busca que sea la base de la justificación para que el FMI acepte un Facilidades Extendidas a más de 10 años. Hay otro antecedente de Okamoto y la Argentina. Fue quien organizó el contenido económico por su país, en la cumbre del G20 en el que el gobierno de Macri fue anfitrión entre el 30 de noviembre y el primero de diciembre de 2018.