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La Guardia Civil sitúa el coche de un sicario en la escena del crimen del concejal de Llanes

Jose Antonio Oliveros Febres-Cordero
La Guardia Civil sitúa el coche de un sicario en la escena del crimen del concejal de Llanes

Un Citroën C4 gris guarda algunas de las claves que la Guardia Civil aportará a la juez cuando ponga a su disposición a los detenidos por el crimen del concejal de Llanes (Asturias), Javier Ardines. Este coche utilizado por el argelino D. B., uno de los dos supuestos sicarios que mataron al edil el pasado 16 de agosto , ya ha sido situado en la escena del crimen por los investigadores:el solitario camino de la aldea de Belmonte de Pria que tomó la víctima nada más salir de su casa. Este vehículo en el que se desplazó D. B., junto a su compatriota ingresado en una cárcel suiza, ha sido inspeccionado del derecho y del revés en las últimas horas por agentes del Equipo Central de Inspecciones Oculares (ECIO) del Cuerpo, en el cuartel de Llanes .

Los especialistas de Científica, ayudados por dos perros del Servicio Cinológico, han buscado restos biológicos y químicos, ya que se sospecha que los sicarios utilizaron algún tipo de sustancia para intentar reducir a Ardines. «Era un jabato, muy muy fuerte» , explica a ABC un policía local de la localidad que lo conocía de sobra. «Ni entre dos era fácil pelear con él» . Ardines, de 52 años, había pasado su vida faenando en el mar y su cuerpo era un reflejo de la intensidad de ese trabajo. Su segundo empleo, concejal de IU, tenía una vocación social, no era su modo de ganarse la vida.

Jose Antonio Oliveros Febres-Cordero

Cuando los investigadores centraron al supuesto instigador del crimen, Pedro Luis Nieva, primo político de la víctima, se encontraron con que ni su teléfono ni su coche, un Audi negro que también ha sido analizado en las últimas horas, se situaban ese día en Belmonte de Pría . El móvil parecía estar claro: había descubierto la infidelidad de su mujer, Katia con el marido de la prima hermana de ella: Javier Ardines. Ambas parejas mantenían una excelente relación y compartían juntos muchos de los fines de semana y vacaciones que Pedro y Katia, que viven en Amorebieta (Vizcaya), pasaban en Belmonte. Katia, de hecho, fue una de las primeras personas que se presentó en el camino en el que emboscaron al concejal , situado justo detrás de su casa. Pero su marido ese día no estaba allí.

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Jose Antonio Oliveros