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¿Cuándo dejará Iván Duque de ser subpresidente?

Es una verdad incuestionable que a Iván Duque Márquez le cabe el apelativo de subpresidente, en aplicación del axioma según el cual donde hay un gerente el segundo al mando es el subgerente, y en patética comprobación de que es la primera vez en la historia de Colombia que el presidente de la República en ejercicio tiene un jefe.

Esto se pudo percibir con prístina claridad en las objeciones que presentó (o le obligaron a presentar) a la ley estatutaria de la JEP: un mandado para complacer al partido de gobierno, Centro Democrático, o sea al dueño del letrero, Álvaro Uribe Vélez. Pero fueron por lana y salieron trasquilados, y el esquilmado en su gobernabilidad ya sabemos quién fue: el trompo de poner, que es como se le llama al trompo que recibe los cocotazos.

También se percibió después de que la JEP ordenó la libertad de Zeuxis Hernández Solarte, alias ‘Jesús Santrich’, y se armó una trapisonda de padre y señor mío. Ese mismo día en la tarde, viernes 17 de mayo, Uribe le extendió esta orden perentoria al subalterno de más alto rango que tiene: “En el Centro Democrático sabemos que con el buen criterio del presidente Iván Duque, de acuerdo con los instrumentos legales, finalmente Santrich será extraditado. Confiamos en eso”. ( Ver noticia ).

Y no es que Duque le hubiera desobedecido; es que la razón para no haber decretado la conmoción interior (que fueron a pedirle a su despacho, según conté en exclusiva ) estuvo en la explicación que Uribe le dio a El Espectador el viernes 31 de mayo -cuando la Corte Constitucional hundió las objeciones- en justificación de su derrota: “Porque el gobierno Santos prometió que no elevaría los acuerdos de La Habana a la Constitución, incumplió su promesa, los elevó y la conmoción interior no puede suspender la Constitución”. ( Ver noticia ).

Mejor dicho, quisieron descarrilar el tren atravesándole palos a la locomotora y no lo consiguieron, porque estaba muy bien afincada sobre sus rieles jurídicos. Pero van a seguir en su empeño, detrás de un objetivo claro, tan claro que es inaudito que los medios de comunicación no lo perciban: la impunidad a perpetuidad para el causante de tantos males, que aún no cesan.

Es inaudito además que todo el país sea simple espectador impávido (súpito, atónito y escuálido) de un presidente que aparenta firmeza pero en realidad es un sujeto políticamente desmirriado, sin don ni capacidad de mando, puesto ahí para dar cumplimiento a las órdenes que le llegan desde todos los frentes uribistas como fuego graneado, y que él debe sortear a diario como si estuviera en un reality de TV, al mejor estilo Jim Carrey en The Truman Show.

Porque es que todo le está saliendo patas arriba: quiso convocar a un acuerdo nacional dejando por fuera a los partidos de la oposición (o sea a la mitad del país); las “horas contadas” del régimen de Nicolás Maduro se le convirtieron en meses interminables; cada vez que repite como un loro que “Santrich es un mafioso”, le suena libreteado; y ni siquiera le salió bien la visita que le recibió a la actriz Angelina Jolie en la Guajira, pues fue objeto de los más crueles y divertidos memes en las redes sociales .

Sumado a lo anterior, a raíz de la decisión de la Corte Constitucional que tumbó dos artículos del Código de Policía que imponía multas por consumir licor o hierba en espacios abiertos, Uribe pretendió erigirse en adalid de la indignación popular con estas palabras henchidas de fervor patriótico: “Queridos ciudadanos, nosotros tenemos que decir que rechazamos profundamente la sentencia (…) y nos disponemos a salir a las calles. Lo único que no pudo quitarnos el gobierno anterior fue la calle, que es nuestro campo de batalla”. ( Ver trino ).

Presta y presurosa, la fundación uribista Ciudadanos por Colombia le cogió la caña, y con el hashtag #9JunioMarchaContraLasCortes convocó a marchas de protesta en las capitales del país para el domingo 9 de junio, con un resultado tan lánguido que ese mismo día Eltiempo.com le lanzó -también presto y presuroso- un salvavidas a Uribe con una noticia donde se decía que “representantes del Centro Democrático aclararon que estas movilizaciones no son una iniciativa ordenada por el líder de ese partido”. Pero si se fijan en el URL de la noticia, este dice “centro-democratico-planea- marcha-contra-fallo-sobre- alcohol-y-drogas”. O sea, remendaron la noticia. ( Ver noticia ).

El uribismo pensó que iba a ocurrir como en la antesala del plebiscito de 2016, cuando lograron sacar a la calle a ríos de gente enardecida y convencida de que el acuerdo de paz iba a convertir en homosexuales a “nuestros niños”. Pero todo indica que a un perro no lo capan dos veces, y la nula capacidad de movilización que mostró el senador Uribe el domingo pasado haría pensar que el país ya no le come cuento al “caudillo” que necesita ensuciar el agua donde todos nos bañamos para que no se note lo cochino que él está.

Eso mismo debería entonces poner a pensar al subpresidente Duque: en si no será que está en el lugar equivocado o ejerciendo el poder de manera vergonzosa, de modo que el único modo de pasar a la historia con relativa dignidad sería si decidiera ‘pararle el macho’ a su jefe y comenzar a tomar decisiones por cuenta propia. Como si fuera el presidente de la República, mejor dicho, no un segundón más de Uribe y su rabioso partido de gobierno.

DE REMATE: ¿Por qué los uribistas andan tan envalentonados, haciendo y deshaciendo a sus anchas, tratando incluso de subvertir desde adentro el orden constitucionalmente establecido? Porque creen contar con el apoyo -tácito y cómplice- de Donald Trump.

@Jorgomezpinilla

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