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Como una película fue el crimen del ‘Cubano’ y el secuestro de 19 policías del GIR

Nuevos Vecinos, Madrid, España
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Martes 11 de junio, 17:00. Un grupo de reos aprovecha que se abre la puerta de enlace entre pabellones e ingresa por la fuerza al pabellón TEDA. Eran al menos 20. Con una pistola 9 mm someten a tres guías y a un policía llavero, luego van a un área donde estaban 18 miembros del Grupo de Intervención y Rescate (GIR). Los toman como rehenes, les quitan los chalecos para usarlos ellos.

La escena sigue. La mitad de los reclusos sube al tercer piso de aquel pabellón. Localizan a William Humberto Poveda Salazar, alias el Cubano , de 39 años y líder de la banda los Cubanos, que –junto a los Choneros– es una de las cuatro grandes bandas que dominan las cárceles del Ecuador.

Al Cubano lo acribillan. La Fiscalía contabilizaría después 13 tiros. Luego los atacantes lo decapitan con un machete y lanzan su cuerpo desde el tercer piso a un patio, donde otro grupo lo incinera. La cabeza cae a una cancha. Allí, dos reos, de no más de 20 años, patean ese miembro como si fuera una pelota, según un video que horas más tarde se haría viral.

No es una película. Es el relato (sintetizado de un informe del fiscal Víctor González, de versiones de testigos y videos) de una serie de hechos que se dieron, durante 4 horas, en el Centro Regional de Privación de Libertad, adjunto a la Penitenciaría, en el norte de Guayaquil. El terror y la tensión seguían, mientras los reos mantenían secuestrados a los 19 comandos del GIR. Afuera, un helicóptero sobrevolaba, en tanto 200 policías y decenas de militares blindaban el penal.

Era un capítulo más de la ola de violencia que ni el estado de excepción, vigente desde el 16 de mayo, puede parar en las cárceles del país. El 30 de mayo, en la Penitenciaría hubo otra mortandad. Seis reos murieron en una riña entre los Gorras y un grupo rival. Tres días después, como parte del estado de excepción, el Gobierno dispuso que ocho coroneles tomaran el mando para el control en cuatro centros de mayor riesgo.

De inmediato se ejecutó un operativo, mediante el cual se trasladó desde la Penitenciaría a decenas de reos considerados de alta peligrosidad y que tenían condenas muy altas. El sitio de concentración fue el pabellón TEDA, donde se produjo esa tarde y noche de terror.

“Tenemos 182 privados de libertad, conocemos su prontuario, pero no están identificadas las bandas a las que pertenecen”, dijo ayer, un día después, el coronel Polivio Vinueza, jefe de la Unidad de Contingencia Penitenciaria de la Regional, al ser consultado si en el mismo pabellón había miembros de bandas contrarias.

Pero guías, funcionarios y exfuncionarios saben que en las cárceles de Guayaquil y el resto del país operan cuatro bandas: los Cubanos, los Choneros, Júnior y Papelito; además de los Gorras, los Lagartos y los Latin King, considerados subgrupos. Las fuentes coinciden en que la muerte del líder de los Cubanos sería parte de una lucha con los Choneros. Ambas se dedicarían al narcotráfico y tendrían conexión con carteles mexicanos.

Ayer, el Gral. Edmundo Moncayo, director del Servicio Nacional de Privados de Libertad, aclaró: “Hemos creado una unidad de tratamiento para los PPL que no están adaptados al sistema aún. En ese lugar (pabellón TEDA) se encontraba la persona que falleció ayer”.

Pero Poveda, que purgaba una condena de 25 años por asesinato, salió libre el año pasado al cumplir la mitad; regresó a un pabellón transitorio el fin de año por no cumplir la medida sustitutiva de presentación quincenal en un juzgado. Hace 15 días al Cubano lo pasaron a máxima seguridad y el viernes un juez ordenó lo contrario.

Patricio Vázquez, abogado de la familia de la víctima, reclamó: “Ese informe se emitió el día viernes, el juez dio la orden que regrese al pabellón transitorio por su salud y por seguridad, y esa medida no la acató el director”.

Al tomar el control de las cárceles hace dos semanas, la Policía hizo requisas. No obstante, los reos que se amotinaron tenían una 9mm y cuchillos. Además, como una muestra de la permeabilidad, en un operativo que se inició a las 22:00 del martes y concluyó a las 06:00 de ayer los agentes encontraron en el Centro Regional tres armas (dos pistolas y un revólver), 40 celulares, 3 radios, 9 baterías, 3 navajas y un generador de luz, según detalló el general Edmundo Moncayo. Nadie respondió cómo se pasaron esos elementos a la cárcel.

¿Qué pasó con los comandos del GIR? Al momento de su secuestro estaban solo con toletes, según especificó Moncayo. Un oficial, cuyo nombre se lo reserva, citó que los uniformados “estaban armados de valor”. Estos permanecieron encerrados y fueron liberados luego de negociaciones.

“Cuando ya comienzan a aflojar unos compañeros salen como desmayados… Todos salieron pálidos, parecían papel, hasta los mismos comandos salieron nerviositos. Los manes que estaban de rehenes la pasaron duro. Nosotros, desde un comedor, veíamos todo por las hendijas. Esos manes (los reos) andaban armados que dispara y dispara y nosotros, los compañeros policías, con mi coronel, no podíamos ingresar pese a que estábamos armados”, relató un policía, que señaló que un guía fue el nexo para iniciar las negociaciones.

Polivio Vinueza dijo ayer que la petición de los reos para liberar a los del GIR “era que no los gasearan y se iban tranquilos a sus celdas”. El trato había sido por radio. 

 

‘Son prisioneros que ya no tienen nada que perder’ “Tenemos más de 2.000 policías en las cárceles en la primera línea de seguridad, tenemos a las Fuerzas Armadas en el segundo cordón, ¿qué más quieren ustedes que haga?, pero cómo podemos controlar que no se maten entre ellos, el problema son guerras internas. Tenemos filmaciones, tenemos todo lo que ha ocurrido, sabemos quiénes son los culpables, pero son prisioneros que ya no tienen qué perder, que ya no pueden ser condenados a más años, es decir, no les importa la vida, es un problema personal entre ellos, problema de poder entre bandas que están en las cárceles”, dijo Santiago Cuesta, consejero de Gobierno.

Según el Código Orgánico Integral Penal, las penas acumuladas no pueden superar los 40 años. Si alguien es sentenciado a 25 años por asesinato y mata a otra persona, solo se le suman 15 más, hasta los 40.

Mientras tanto, la ministra del Interior, María Paula Romo, reconoció que “hay algunas cosas que se han resuelto y hay otros resultados que no se podrán obtener de un día para el otro” por problemas como el 40% de hacinamiento en las cárceles y la infraestructura.

Romo insistió en que los detalles de lo ocurrido los debía dar Edmundo Moncayo, director general del Servicio de Atención Integral a Personas Adultas Privadas de la Libertad y a Adolescentes Infractores del Ecuador (SNAI-EC).

La ministra ante los cuestionamientos de la prensa volvió a enviar el comunicado que también hizo llegar el 30 de mayo, cuando 6 reos fueron asesinados en la Penitenciaría.

En el documento aclaró que el Ministerio de Justicia fue disuelto el año pasado y que desde el presente año funciona el SNAI-EC, el único organismo responsable y encargado de dar detalles de lo sucedido.

El asesinato en la Regional se dio un día antes de que el Gobierno presentara la última mesa del Acuerdo Nacional, denominada de Seguridad Ciudadana, en la Plataforma Financiera, en Quito, liderado por el vicepresidente Otto Sonnenholzner. Desde que se decretó el estado de excepción, el 16 de mayo, nueve reos han sido asesinados en Guayaquil.

Mientras tanto, ayer en la audiencia de flagrancia, un juez dictaminó prisión preventiva para los siete reos por el presunto delito de asesinato.(I)